En la década de 1970 se descubrió la acción de dos moléculas que transformaron el panorama de la genética molecular. La primera, llamada enzima de restricción, actúa como una tijera biológica, pues corta el ADN en determinados lugares. Para entonces no era novedad que el ADN controla la producción de proteínas. Los científicos, en consecuencia, comenzaron a especular sobre la posibilidad de que un organismo pudiera producir proteínas ajenas. La idea de introducir en una célula material genético de otra especie se convirtió realidad en 1973. Usando enzimas de restricción, Herbert Boyer y Stanley Cohen hicieron algo totalmente novedoso: cortaron pedazos de ADN de un organismo y lo pegaron en otro. Con esta nueva técnica insertaron plásmidos(moléculas autónomas de ADN con unos pocos genes) en la bacteria Eschericchia coli.
La segunda molécula revolucionaria cuya acción fue descubierta en ese tiempo fue la enzima transcriptasa reversa, presente en varios virus, la cual permite copiar información genética del ARN a una molécula de ADN. Ello llevó a cuestionar la idea de Crick de que el proceso de síntesis de proteínas es unidireccional e indicó que el dogma central de la biología no siempre se cumple.
Ambas enzimas se convirtieron en herramientas sumamente útiles para el estudio de muchas enfermedades y el desarrollo de nuevas técnicas para manipular el ADN, como la del ADN recombinante
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