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Los temas "geográficos"

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Resulta interesante ver que algunos temas que serán objeto de la geografía como disciplina científica, y que hoy reconocemos como tales, han estado presentes como temas de interés o preocupación a lo largo de la historia occidental. Si bien sería erróneo desprender de esto que la geografía como ciencia tiene un origen remoto, ya que esto implicaría –entre otras cosas– desconocer que lo que hoy entendemos como ciencia es producto de la modernidad (habiéndose consolidado, por lo tanto, mucho después), permite ver que se trata de cuestiones que han sido importantes y han estado presentes a lo largo del tiempo y en las diversas sociedades, suscitando interés y debate, y brindando utilidad. Aunque no puedan ser considerados como “geografía”, estos temas y conocimientos sentarán las bases sobre las cuales se irá consolidando la disciplina.

Entre otros autores, Capel y Urteaga (1984), reconociendo el origen griego de la palabra geografía, señalan que ya en esta civilización encontramos su uso aplicado a dos grandes temas de preocupación. Uno de estos grandes temas podría ser rotulado como la localización en la superficie terrestre, apoyada en los conocimientos matemáticos e interesada en gran medida en la elaboración de mapas. El otro gran tema es el que se refiere a la descripción de dicha superficie.

El nombre de geografía abarcaba entonces tanto el interés por aspectos de descripción de la superficie terrestre como el interés acerca de aspectos matemáticos relativos a la ubicación de lugares y la construcción de mapas. Al tiempo que aumentaba el conocimiento de las características diferenciales de los lugares, crecía también el interés por conocer sus ubicaciones específicas en la superficie terrestre (Broek, 1967; Unwin, 1995); y ambos temas resultaban, así, estrechamente vinculados por la necesidad de disponer de mapas que permitiesen localizar de manera precisa los lugares descriptos. Ambas tradiciones, a su vez, estaban íntimamente ligadas a una tercera vertiente o tradición, la teológica, preocupada por los orígenes de la Tierra y las razones de la existencia humana sobre ella. En el marco de esta tradición, las preocupaciones estaban centradas en el papel del poder divino en la formación de la Tierra, y en comprender o “explicar el lugar que correspondía a la humanidad dentro del mundo natural” (Unwin, 1995: 87).

Eratóstenes expresa de manera paradigmática la tradición de la localización, dada su preocupación por medir el tamaño de la Tierra y por establecer algún sistema que permitiera ubicar cualquier punto en su superficie. Esta tradición será continuada por Ptolomeo quien también se interesa por la medición de la Tierra, la localización de puntos en la superficie y la representación cartográfica. La obra de este último tendrá, con su rescate y difusión a fines de la Edad Media, una gran influencia en los viajes de exploración.

Conocer la ubicación de los distintos lugares, las distancias que median entre ellos, y contar con elementos que permitan llegar de un lugar a otro, tendrá una utilidad práctica evidente tanto para el comercio como para la conquista. La cartografía será, desde esta perspectiva, el producto más importante, tanto por su utilidad práctica como por su condición de objeto que expresa los conocimientos, intereses y cosmovisión de cada sociedad en cada momento.

La tradición descriptiva encuentra su expresión paradigmática en el mundo griego en la figura de Estrabón, quien sintetiza una larga tradición de relatos de viajeros y descripciones sobre lugares conocidos. El interés por conocer los atributos propios y peculiares de un lugar de la superficie terrestre tiene un valor práctico, en el sentido de inventariar la existencia de elementos que puedan ser útiles (recursos, poblaciones, etc.); pero tiene también el valor del conocimiento de lo diferente, que al tiempo que permite pensar más allá de la propia realidad, habilita la reflexión sobre la misma, en la medida en que representa, al decir de algunos autores, una especie de espejo que, por similitudes y por contrastes, permite mirarse a sí mismo:

De este modo, la geografía humana nació en manos de una cultura que tomó conciencia de la relación “hombre-Naturaleza”: mas, como contraparte negativa, esa misma cultura organizó su esquema de relaciones con otras culturas poniéndose como modelo absoluto frente a las mismas, lo cual suponía una desvalorización, y en otros casos, además, una justificación de dominio y servidumbre. La historia de este hecho se extiende desde las páginas de la Geografía de Estrabón hasta las casi contemporáneas nuestras de las Lecciones sobre la filosofía de la historia universal de Hegel. (Arturo Roig, Introducción a la Geografía, Prolegómenos de Estrabón, Madrid, Aguilar, 1980, XV).

Unwin (1995) señala la estrecha relación que existía entre geografía y conquistas, entre la descripción detallada de lugares y regiones y el ejercicio del control político, en los mundos griego y romano. Las campañas y conquistas de la época fueron posibles gracias a los escritos geográficos anteriores que suministraban información acerca de los recursos y las gentes, y, a su vez, permitieron un importante crecimiento del saber geográfico. La utilidad de la geografía era “proporcionar la información que permitiese a los dirigentes conquistar más territorios y mantener el poder en las tierras que regían” (Unwin, 1995: 84). Así, la información, por ejemplo, sobre las dimensiones de un territorio, las características de sus suelos y accidentes, y la historia de sus pueblos, estaba condicionada también por los intereses políticos de la época.

Estas tradiciones temáticas estarán muy presentes en todo el mundo antiguo, y aunque permanecerán relativamente acalladas durante el orden feudal, volverán a expresarse con fuerza en el proceso de desestructuración de este orden feudal y conformación del orden moderno. Broek (1967: 18) señala que “el Renacimiento trajo, como en otros campos, el restablecimiento de la geografía clásica”. Un ejemplo de ello es la utilización de la obra Geographia de Ptolomeo como referencia básica para las exploraciones portuguesas y españolas de los siglos XV y XVI.
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