La obra de Elisée Reclus expresa también una clara asunción de los postulados evolucionistas que permiten la comprensión unificada de lo físico y lo humano en geografía. Sin embargo, y a diferencia de Ratzel, Reclus se aleja del darwinismo social poniendo énfasis en las nociones de armonía y concordancia de los hombres y la Tierra.
Este geógrafo francés (1830-1905) tuvo una importante militancia anarquista, que lo llevó a la cárcel y al exilio. Esto mismo tuvo relación con su alejamiento del mundo académico y universitario francés, razón por la que en la geografía “oficial” fue ignorado por mucho tiempo. Sin embargo, su profusa obra tuvo gran difusión entre el público, alcanzando a sectores populares que permanecían ajenos a las publicaciones académicas. En 1868 publica La Terre, y entre 1876 y 1905 se publican 19 volúmenes de su Nouvelle Geographie Universelle, una obra en la que describe detalladamente, para cada región, los movimientos generales que se producen en el globo. En 1905 publica L’homme et la Terre, respecto de cuyos objetivos el autor expresa:
Hace algunos años (...) Trazaba el plan de un nuevo libro en el que se expondrían las condiciones del terreno, del clima, de todo el ambiente en el que se han producido los acontecimientos de la historia, en el que se mostraría el acuerdo de los Hombres y de la Tierra, en el que se explicarían las actuaciones de los pueblos, de causa a efecto, por su armonía con la evolución del planeta. Este libro es el que presento ahora al lector. (Elisée Reclus, El hombre y la tierra, tomado de Gómez Mendoza, 1994: 217)
En el mismo texto, más adelante, el autor da una muestra acabada de su propuesta de trabajo:
La emoción que se siente al contemplar todos los paisajes del planeta en su variedad sin fin y en la armonía que les da la acción de las fuerzas étnicas, siempre en movimiento, esa misma dulzura de las cosas, se siente al ver la procesión de los hombres bajo sus vestimentas de fortuna o de infortunio, pero todos igualmente en estado de vibración armónica con la Tierra que los lleva y los alimenta, el cielo que los ilumina y los asocia a las energías del cosmos. (Ibídem, p. 218)
Los párrafos citados muestran que el autor coloca en lugar central la consideración de la relación entre los hombres y el medio, pero lo hace poniendo énfasis en ideas de armonía y concordancia entre ellos (retomando con esto las ideas de Rousseau). Esta armonía entre el hombre y la naturaleza está rota, según el autor, por la constante violación de la justicia entre los hombres, que exige siempre venganza, con lo cual el desequilibrio se reproduce. La superación de este desequilibrio reposa y reclama cambios en la organización social, que permitan el imperio de la libertad humana, la que sólo puede garantizarse cuando el hombre se integra en forma armónica con el orden natural.
La obra de Reclus presenta un gran interés para el tema que nos ocupa, en la medida en que muestra que la misma matriz positivista y evolucionista que se reconoce en Ratzel puede ser utilizada para dar lugar a formas totalmente diferentes de seleccionar, tratar e interpretar los mismos temas. Su obra es hoy considerada fundacional de una geografía social, en tanto coloca a la organización de las sociedades en un lugar central para comprender los procesos de organización del espacio geográfico. Sin embargo, fue ignorada por la geografía durante mucho tiempo, y recién en las últimas décadas ha sido rescatada y analizada.
Imagen. Tapa de la edición española de El hombre y la Tierra. de Elisée Reclus. Incluye una selección de textos de la obra original, introducidos por Béatrice Giblin, geógrafa que contribuyó de modo fundamental al rescate de la obra de este autor.
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