Paul Vidal de La Blache (1843-1918) tuvo una enorme influencia en la geografía. Formado originalmente en historia, y con sólidos conocimientos de las ciencias naturales, a partir de la década de 1870 se dedica a la geografía. Será profesor de la Escuela Normal Superior de París desde 1878, y desde 1898 estará al frente de la cátedra de Geografía en la Sorbona, puestos desde los cuales formó a un nutrido grupo de seguidores.
El pensamiento de Vidal de La Blache se inscribe en el marco de la reacción antipositivista de su época, y se nutre también de perspectivas espiritualistas que afirman que el espíritu es irreductible a la materia y, por lo tanto, contingente respecto de ella.Con esto, rechaza el determinismo natural y reafirma la libertad humana, oponiéndose así a los planteos ratzelianos (oposición en la cual, además, influirán posturas nacionalistas que lo llevan a distanciarse de la tradición alemana).
Abandonar la determinación natural para reconocer el papel de la libertad humana en relación con las condiciones del medio no implica en Vidal el abandono definitivo del interés por esta relación, sino su reconsideración en tanto condicionante y facilitador al mismo tiempo, en una relación abierta a múltiples posibilidades. De aquí el rótulo de posibilismo con que su perspectiva será conocida (término acuñado por el historiador Lucien Fevre en 1922).
Vidal de La Blache tomará de los planteos funcionalistas la noción de género de vida, definido como el conjunto de actividades y rasgos de un grupo social, articulados funcionalmente y cristalizados por la costumbre (la historia), que expresan las formas de adaptación de dicho grupo a las condiciones del medio geográfico. Esto muestra que el interés por la relación hombre-medio sigue siendo fundamental en Vidal, pero sin –o incluso, contra– las pretensiones de necesidad y universalidad positivistas.
El género de vida se expresará en una unidad espacial que tendrá características propias, fundamentalmente una relativa autonomía funcional. Esta unidad espacial es la región, la que se convierte así en objeto privilegiado de estudio para la geografía. La región tendrá un interés intrínseco, que resulta de sus características peculiares y únicas, y el paisaje será la expresión fenoménica de estas características peculiares, que se manifestará a la observación y a la sensibilidad del investigador, quien a través de una aproximación empática será capaz de captar la esencia de dicha región.
La región vidaliana permite, de este modo, superar los problemas planteados por el determinismo, sin por esto abandonar el interés por la relación entre el hombre y el medio. Al mismo tiempo, permite superar la dicotomía entre el conocimiento sistemático de los distintos aspectos que intervienen en la comprensión de las especificidades de un lugar (propio de la geografía sistemática o incluso escindidos de ella y transformados en campos disciplinarios autónomos) y la descripción detallada de las particularidades de los lugares. Combina, así, las grandes tradiciones disciplinarias: conocimiento sistemático de un fenómeno en su despliegue en la superficie terrestre, por un lado, y conocimiento descriptivo e integrado de las peculiaridades de un lugar resultantes de la forma específica en que estos distintos fenómenos se combinan él. Y al habilitar la vía sensible y empática para su estudio, reafirma el carácter humano e histórico de la construcción regional. El énfasis en la relación de los grupos humanos con su medio tendrá, asimismo, un carácter político conservador que resulta adecuado a una sociedad que ya se ha consolidado como Estado nacional y necesita reafirmar la pertenencia de su pueblo (Escolar, 1992).
La propuesta vidaliana, sin embargo, no estará exenta de problemas. Por una parte, la dicotomía entre lo humano y lo físico permanece subyacente al abordaje regional, y se expresará, en la tradición de las monografías regionales , en un tratamiento sistemático y muchas veces desvinculado de uno y otro. Por otra parte, el énfasis puesto en captar las peculiaridades de la región desembocará en un abandono de la consideración de la totalidad en la cual dichas regiones se incluyen, la que aparece, en más de un caso, como la mera suma de las partes (regiones).
El énfasis puesto en la historia y en lo humano permitiría suponer que la geografía vidaliana se aproxima a las ciencias humanas o sociales; sin embargo, Vidal de La Blache negó esta posibilidad, al afirmar que la geografía es la ciencia de los lugares y no de los hombres. Con esto, colocó a la geografía en una posición de excepción que, más tarde, será blanco de fuertes críticas.
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