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Las revistas de historia y computación

Pese a todo lo anterior, desde hace tiempo existen algunas revistas específicas sobre historia y computadoras. History and Computing, Social Science Computer Review, Computers and the Humanities e Histoire et Informatique son algunas de ellas. Una búsqueda en The History Journals Guide, una de las más grandes bases de datos de revistas de historia –aunque no se actualiza con periodicidad–, nos informa de más de treinta publicaciones sobre el tema1. En su mayoría las revistas específicas tienden a informar acerca de programas, procedimientos, sitios y usos de tecnología. Por ejemplo, el número de mayo de 2005 de la revistas Social Science Computer Review está integrado en su mayoría por artículos sobre el uso de las tecnologías computacionales en historia en diferentes naciones. El estudio de los casos nacionales está precedido por un ensayo de James B. M. Schick (“Coming of Age in Computing”), en el que este pionero en promover el uso intensivo de las computadoras en la profesión presenta diversas formas de dinamizar la enseñanza y la investigación históricas a través de las máquinas e internet.

Otro ejemplo de esas características es el número de septiembre de 2003 de la revista Journal of the Association for History and Computing. En la sección “artículos” de ese número se consideran temas como simuladores, entornos virtuales 3D y métodos cuantitativos en historia. En otra de las secciones se revisa brevemente una encuesta hecha a varios historiadores sobre el uso de los recursos computacionales. El análisis de encuestas de este tipo es tema de varios artículos de la revista.

Existen otras revistas, como History and Computing, de carácter más técnico, en la que se presentan estudios con procedimientos particulares como son el cruzamiento de datos, el procesamiento de registros censales o el de elaboración y normalización de bases de datos. Como ejemplo puede citarse aquí el trabajo del historiador argentino Enrique Tandenter (junto con Carlos Diuk), “Computer Tools for Genealogical Reconstruction”, en el número 3 del año 2000.
Por otro lado, algunas de las más reconocidas revistas americanas de historia han comenzado a presentar trabajos orientados a informar y discutir cuestiones vinculadas con las nuevas tecnologías. Así como el cine ha ganado terreno como objeto de investigación y como fuente histórica en las revistas académicas, también en ellas se presentan reseñas de software, CD-ROM, sitios web y libros ligados a la cuestión de las computadoras y la investigación y enseñanza de la historia. American Historical Review, Rethinking History, The History Teacher y The Journal of American History son algunos ejemplos de este nuevo ítem en la agenda historiográfica. Incluso merecen destacarse algunas ediciones on line de artículos en los que la versión electrónica posee información suplementaria. En ese sentido podemos mencionar aquí que el primer artículo en el que la versión electrónica permitía acceder a información sensible no publicada en papel fue el de Robert Darnton “An Early Information Society: News and the Media in Eighteenth-Century Paris”, en la revista American Historical Review de febrero del 2000. Darnton indagaba en dicho texto la circulación de la información en París a mediados del siglo XVIII, en un intento por analizar las relaciones entre los medios de comunicación y la política. El estudio no se detiene exclusivamente en la prensa sino que profundiza en canales de circulación “populares” (canciones, poemas, cafés, etc.). Dice Darnton:

Para saber lo que realmente estaba sucediendo uno se llegaba hasta el árbol de Cracovia… como un poderoso magneto, el árbol atraía nouvellistes de bouche, o chismosos (newsmongers), quienes divulgaban información acerca de los eventos actuales oralmente. Ellos sostenían saber de fuentes privadas (una carta, un sirviente indiscreto, una conversación oída por casualidad en una antecámara de Versailles), qué estaba pasando realmente en los pasillos del poder, y los que estaban en el poder se los tomaban seriamente, porque el gobierno se preocupaba acerca de lo que los parisinos estaban diciendo. Diplomáticos extranjeros alegando lo mismo enviaban agentes a levantar noticias o a plantarlas al pie del árbol de Cracovia.

El análisis de esos poco visibles carriles informativos –ejes de la consolidación de una temprana sociedad de la información– se ve recompensado con el uso de métodos y soportes vinculados a internet: Darnton incluyó en tres suplementos on line mapas de cafés en París, canciones en formato mp3 y debates sobre el artículo y el tema.

La revista ha publicado seis “proyectos electrónicos”, el último de ellos creado por Jack Censer y Lynn Hunt llamado “Imaging the French Revolution: Depictions of the French Revolutionary Crowd”.

En el número 2 del año 2004, la revista Rethinking History incluyó un dossier sobre “Historia y la Web”; en él participaron cinco historiadores y artífices de reconocidos sitios web de historia. El editorial del número citado afrontaba ese debate preguntándose si la Web cambiaría el mundo del aprendizaje, tal como Robert Darnton había sostenido a fines de la década del noventa. El editorial contrastaba esa certeza con otra: casi un lustro después de los dichos de Darnton la Journal of American History –otra reconocida revista– invitó a nueve historiadores e historiadoras a discutir sobre “La práctica de la historia” y ninguno de ellos mencionó influencias de la Web en su práctica de escritura o enseñanza. Finalmente sostuvo que “tal vez la Web realmente cambiará la forma de hacer historia, pero no lo ha hecho todavía”.

La revista Journal of American History tiene una sección de reseñas de sitios web que dirige Roy Rosenzweig, uno de los más famosos especialistas en el tema que nos ocupa aquí. La apuesta de reseñar sitios, como la de reseñar films, requiere estrategias retóricas diferentes de las de la reseña de libros, debido a que en muchos casos el ordenamiento de la lectura de textos (la lectura de la secuencia ascendente de páginas, por ejemplo) no coincide con los modos de “ver” las distintas capas de un sitio. Sin embargo, aun si ese esfuerzo no se advierte en las reseñas de la revista, la consulta de tales reseñas puede permitirnos conocer lugares que posiblemente se transformen en sitios de consulta o debate permanentes (por ejemplo, el de Oral History Online).

En History Teacher abundan las presentaciones de experiencias áulicas en las que se trabaja con materiales multimediáticos y sitios web, y el mismo Rosenzweig coordinó una sección de entrevistas a “profesores ejemplares” en la que la gran mayoría de los entrevistados utilizaba materiales de internet como recursos específicos. Mencionaremos aquí el primero de los artículos empeñados en discutir el tratamiento de materiales on line en la enseñanza de la historia: “Making History on the Web in Your Classroom”, de Kelly Schrum, publicado en mayo de 2001. En él se describía exhaustivamente el sitio History Matters, haciendo hincapié en sus secciones y su contenido. Nuevamente, las interferencias entre la “escritura” del sitio (el modo en que está organizado y los modos en los que puede leerse) y la forma clásica del género reseña limitan severamente las posibilidades de advertir las diferencias existentes entre un sitio web y un libro.

1Ulrich’s Periodicals Directory, el megasitio con información de revistas académicas sí lo hace, pero requiere suscripción.