Tal como los concibe Darnton, al que hemos citado en un artículo anterior, los sitios que presentamos aquí poseen una particularidad: todos ellos pretenden aprovechar diferentes recursos para producir un “texto” menos lineal que el que implica la escritura tradicional académica, ya que esta última no puede presentar sonidos o imágenes en movimiento como parte documental del relato, ni pretende presentar los borradores, la marginalia o las notas que acompañaron el proceso de elaboración del texto final.
El sitio de Stefan Landsberger es otro ejemplo, aunque más clásico, del modo en que los historiadores personalmente pueden contribuir a la creación de sitios web. Se trata de una colección de pósters de propaganda china (desde 1949).
Un ejemplo de estudio histórico “diseñado para ser oído, no para ser leído” puede encontrarse en el website de The Journal of Multimedia History. Se trata de “I Can Almost See the Lights of Home ~ A Field Trip to Harlan County, Kentucky”, de Charles Hardy III y Alessandro Portelli (en el número 2, 1999)1.
Salta a la vista en este breve recorrido la ausencia de sitios en idioma español. Hace poco Richard Slatta, un historiador conocido por la historiografía argentina, publicó junto con E. Kale Haywood un artículo en la revista Social Science Computer Review (volumen 3, número 2, verano de 2005), titulado: “Enhancing Latin American History Teaching and Research with Computers”. En él se enumeran muchos sitios de provecho, pero en su mayoría se trata de repositorios bien organizados de materiales. La lista, poco poblada de recursos en nuestro idioma, puede recorrerse en la página mantenida por el propio Richard Slatta.
Asimismo, el artículo publicado por Herbert Klein y Francisco Vidal Luna –ambos prestigiosos historiadores, especialistas en Historia de Brasil– en la revista Hispanic American Historical Review de noviembre de 2004, “Sources for the Study of Brazilian Economic and Social History on the Internet”, nos permite conocer una serie de grandes sitios que recolectan información fundamental y de calidad certificada. Esto es así dado que esa información, proveniente de organismos estatales o instituciones privadas, ya ha sido sobradamente consultada y evaluada por numerosos historiadores.
La existencia de sites como los resumidos más arriba refuerza la idea de una internet apta para consolidar paquetes de datos y permitir una recuperación rápida de la información requerida; en cambio, debe destacarse la escasa producción de sitios en los que el objetivo de la interpretación histórica esté al mismo nivel que el de la recuperación de fuentes primarias.
Una búsqueda en Google del término “historia argentina” arroja en los primeros lugares sólo un sitio institucional (el sitio de la Academia de la Historia), que en la actualidad se encuentra un puesto por debajo del sitio de Felipe Pigna y unos cuantos por debajo del primero (Historiadelpais.com.ar) en el que no figura la pertenencia institucional y en el que, antes de permitirnos acceder a la información, nos recomienda visitar publicidad. El sitio de Pacho O’Donnell también figura entre los primeros lugares, a diferencia del sitio de Eduardo Saguier, quien ha escrito un libro que abarca desde el 1600 al 2000 y lo “colgó” de la red para su consulta, que no figura entre los 100 primeros puestos. El libro se denomina Un debate histórico inconcluso en la América Latina (1600-2000).
A excepción del sitio dirigido por Felipe Pigna, la mayoría de los sitios referidos no presenta ninguna variedad de recursos (documentos históricos, ensayos, grabaciones, filmes, fotos, etc.). Por su parte, los departamentos o escuelas de historia de las distintas universidades nacionales no han desarrollado sitios web sino para informar acerca de planes de estudio, proyectos de investigación y fechas importantes en el calendario académico. Muchos de ellos se encuentran bajo el paraguas de la unidad académica a la que corresponden: es relativamente fácil alcanzarlos a través de buscadores pero la búsqueda debe ser específica. En efecto, la inexistencia de recursos diversos en sus páginas hace de los sitios de historia construidos por los departamentos argentinos menos una estación en un hipotético recorrido por la red que una presentación obligada de una dependencia académica. Vale la pena recordar aquí que las posibilidades de “alcanzar” un sitio a otro en la Web son cada vez menores, a medida que aumenta la complejidad de la red. Pueden consultarse mapas e información sobre el tema en revistas como Cybermetrics o en sitios como Cybergeography. En ese sentido, si quisiéramos practicar la creación de “caminos” personales como la que promovía Robert Darnton, pocos de ellos alcanzarían los sitios de los departamentos de historia argentinos. El problema es particularmente grave, dado que son estos sitios los que pueden garantizar la calidad de la información.
La oposición entre la historia escrita por divulgadores y la escrita por historiadores libra en la Web otra de sus batallas, pero la explicación del éxito de algunos sitios orientados a la divulgación vuelve sobre algunos problemas arriba señalados; mas como se podrá advertir, tanto unos como otros no exponen sino una concepción de la Web más orientada al archivo que a la creación de formas novedosas de construcción del conocimiento. Las dificultades en la generación de sites creativos es uno de los puntos más importantes en los programas de seminarios dedicados a la relación “historia e internet”, pero estos son escasos en español. Una mirada a uno de los más famosos de ellos permitirá entender por qué además de recorridos por la Web se hace necesario el análisis y la construcción de sites y el aprendizaje de distintas herramientas específicas.
La ausencia de actividades ligadas al conocimiento de internet en los currículos académicos no es un problema de escasa relevancia, en la medida en que algunas técnicas han logrado ya afianzarse, como son los casos de los seminarios sobre técnicas aplicadas en historia oral o en historia audiovisual, o como los casos menos frecuentes de seminarios dedicados al aprendizaje de manejo de software como el SPSS o Atlas-Ti. La extensión de los usos de la Web, aun si resulta absolutamente desigual incluso entre la población universitaria, es continua, y el aprovechamiento de los recursos existentes en ella está claramente ejemplificado en el importante lugar que ocupa el sitio de monografías más conocido en idioma castellano. En cambio, los sitios diseñados por historiadores académicos, en los que se exploten los recursos del medio para la enseñanza profesional de la historia, brillan por su ausencia.
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