Aprender a leer en la época de la Revolución de Mayo
En la época colonial, los educadores fueron principalmente miembros de las órdenes religiosas que acompañaron a los conquistadores: los dominicos, agustinos, franciscanos, mercedarios y, particularmente, los jesuitas. Si bien la Iglesia fue la principal promotora de la educación, la Corona española no se mantuvo al margen de esta empresa. Había escuelas que dependían del Cabildo de la ciudad, que en el siglo XVIII se comenzaron a llamar “Escuelas del Rey”. En ellas se enseñaban las cuestiones relacionadas con la fe católica y a leer, escribir y contar.

Se comenzaba a aprender a leer memorizando el abecedario. Las cartillas o silabarios comprendían varias series de combinaciones de las vocales precedidas por consonantes que podían leerse de izquierda a derecha o de arriba hacia abajo. Hacia 1780 la imprenta de Expósitos editó cartillas que, luego de la Revolución de Mayo, se aplicaron en las “escuelas de la patria” conjuntamente con el método Lancaster, en el que un alumno más avanzado oficiaba de monitor (de allí, que este método recibiera el nombre de “monitorial”). Recién luego de memorizar las series incluidas en los silabarios, se pasaba a los primeros libros de lectura de corrido, textos con fuerte contenido moral, compuestos por máximas o por una serie de preguntas y respuestas fijas que debían leerse, generalmente en voz alta, hasta aprenderse de memoria: los catecismos (entre ellos, el más famoso fue el Catón Cristiano). Durante la Revolución de Mayo circularon Catecismos Patrióticos, que conservando la forma, cambiaron el contenido: de las obras de Dios a las virtudes del gobierno republicano y la libertad, entre otros temas.
LIBRO DE TEXTO
Extractos de Catecismo Público para la Instrucción de los Neófitos o recién Convertidos al Gremio de la Sociedad Patriótica, editado entre 1810 y 1811Pregunta: Decidme, hijos, ¿hay quien nos deba mandar?
R: Sí, Padre, quien nos deba mandar hay.
P: ¿Cuántos os deben mandar?
R: Uno solo no más.
P: ¿Dónde está ese que os debe mandar?
R. En España, en Chile, y en todo lugar.
P: ¿Quién os debe mandar?
R: El Pueblo, sus Representantes y la Municipalidad, que son tres cosas distintas y una sola cosa misma.
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P: Según esto los que se empeñan en desautorizar a las Juntas, presentándolas como un monstruo destructor de las Américas, son enemigos de ellas, y tratan de perderlas.
R: Es de fe humana.
P: ¿Lo creéis así?
R: Así lo creo.(Citado en Cucuzza, H., “Ruptura hegemónica, ruptura pedagógica: catecismos o contrato social durante el predominio jacobino de la Primera Junta de Buenos Aires”. Ponencia presentada en las Jornadas Nacionales de Historia de la Educación, 1997.)
“El acontecimiento sin igual de la alfabetización de masas se produce muy tardíamente, en notable discronía con la “era de la escritura” a través de su infinito recorrido desde sus remotos orígenes (...) La enorme evolución desde el pedernal al papel como soporte, desde la cuña y la pluma de ganso a la imprenta como instrumento, desde la escritura continua a la separación de palabras y a la formalización ortográfica, desde los copistas hasta la expansión de la escritura por la imprenta, no tuvo su equivalente en la evolución de la pedagogía de la lengua escrita. A pesar de algunos ensayos aislados que se realizaron a partir de las ideas de Comenio, a comienzos del siglo XIX se enseñaba como lo hacían los griegos hace 25 siglos.
En febrero de 1821, el Cabildo dispone la implementación del método Lancaster, que tuvo en su época gran difusión por su aparente utilidad para la extensión masiva de la enseñanza de la lectura. Ponía en práctica la enseñanza mutua con un monitor que se ocupaba de 10 alumnos bajo la supervisión de un maestro y de este modo se podía atender a 1000 alumnos a bajo costo. (...) Pero el método Lancaster no tuvo éxito, según Sarmiento porque “los silabarios contrariaron sus beneficios. (...)
Se comprueba fácilmente que en este período el modelo memorizador es dominante y exclusivo. A partir de la enseñanza prolongada y repetitiva del abecedario, de las sílabas, del deletreo o el silabeo el alumno llegaba penosa y tardíamente a la lectura oral pudiendo comunicar lo leído de manera automática. (...)
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