Que una construcción humana, una obra como la denomina Chevallard1, se enseñe en la escuela, “es el resultado de decisiones tomadas por los hombres a lo largo de la historia. Las obras humanas responden siempre a un conjunto de cuestiones, de necesidades, aunque estas pueden haberse perdido u olvidado con los años”.
Estas obras, la escuela, el currículum, son obras abiertas, siempre inacabadas, que evolucionan con la sociedad.
Podemos ver que tanto el procedimiento del cálculo de la raíz cuadrada como el necesario para determinar el logaritmo de un número han desaparecido; su aprendizaje ocupaba mucho tiempo en la escolaridad obligatoria, pero las posibilidades técnicas de una calculadora los han hecho desaparecer de la escolaridad.
Otra característica fundamental de las obras a enseñar en la escuela es que ayuden a acceder a otras obras de la sociedad, y aquí la matemática es un buen ejemplo por la posibilidad que brinda para acceder a otras obras2.
Por el momento, la matemática sigue formando parte del proyecto educativo de nuestra sociedad, del conjunto de obras que todos debemos estudiar. Pero esto no significa que siempre siga siéndolo.
“La presencia familiar de la matemática en la cultura, como lo fue en otras épocas, ha ido desapareciendo. Nadie se interroga actualmente por qué los niños aprenden música o practican deportes. ¿Por qué? Porque sí… Pasa lo mismo con todas las actividades muy marcadas por una pertinencia cultural fuerte y eso las hace evidentes”3, dice Chevallard.
¿Por qué los niños aprenden a jugar al fútbol? Porque sí, porque está en la sociedad y dentro de lo que puede significar ser argentino se incluye el gusto por el fútbol.
Y pasando al tercer punto:
Porque la enseñanza de la matemática responde a necesidades sociales, no individuales.
Chevallard, en su conferencia ya citada –“La sociedad frente a la cultura”– continúa diciendo: “la matemática se encuentra hoy en día en el corazón de nuestra sociedad, porque es el nervio del funcionamiento social (cosa que no sucedía en siglos anteriores) pero la matemática, y en general las ciencias, viven en una semiclandestinidad cultural. Si, así como se corta la luz, se pudiera cortar la matemática, todo o casi todo se pararía. Por ejemplo, si no hubiera matemática, no se podría controlar el tráfico de aviones y sería una catástrofe”.
Ministerio de Educación de la Nación Argentina