Extraído de “Enseñanza de la Matemática”, documento curricular del Profesorado de Enseñanza Básica, Programa de transformación de la Formación Docente (PTFD), Buenos Aires, 1994.
Elaborado por Irma Saiz, Cecilia Parra y Patricia Sadosky.
Un aspecto central en la enseñanza que propugnamos está constituido por la organización de las interacciones de los alumnos entre sí y con el docente. En un plano, la naturaleza y el sentido de estas interacciones están contenidos en una concepción educativa general y son (o deberían ser) compartidos por los enfoques de las diversas áreas escolares de conocimiento. En otro plano, para que cobren su pleno sentido, deben articularse específicamente en el área y en función de contenidos determinados.
Guy Brousseau1 plantea que
no basta con que los alumnos resuelvan problemas, deben aprender también a plantear preguntas, a construir y utilizar un lenguaje, a formular razonamientos, a dar prueba de sus conclusiones, a distinguir en qué situaciones un conocimiento es útil y en cuáles no, deben aprender, en fin “las reglas sociales del debate y de la toma de decisiones pertinentes.
El significado de los conocimientos que adquieren los alumnos proviene también del carácter que adoptan las actividades en las que se los produce. Resulta sustancial provocar la reflexión de los alumnos sobre sus producciones y conocimientos y para ello, la herramienta principal es la organización de actividades de discusión, de confrontación, en las que hay que comunicar, probar, demostrar, etc., actividades que involucran el trabajo en pequeños grupos, o entre grupos o en la clase total ordenando la participación en función de finalidades bien establecidas y claras para todos.
Sería erróneo creer que todo el conocimiento que se trata en las clases requiere organizaciones y actividades como las mencionadas. Por el contrario, el docente debe seleccionar aquellas nociones, conceptos, técnicas, etc., que por su importancia, por su complejidad, por la heterogeneidad de concepciones con las que se vincula, merecen un tratamiento como el que se sugiere.
Algunas pueden estar dadas directamente por el docente o por la lectura de un libro de texto. El docente debe definir una estrategia para la distribución entre problemas y aporte directo para la organización de la materia que va a enseñar y definir una estrategia de adaptación a las reacciones de la clase, para una determinada organización 2
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