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Un poco de historia

La historia del descubrimiento del NO como una molécula importante en la fisiología de los organismos es relativamente nueva, y comenzó durante los primeros veinticinco años del siglo XX. Sin embargo, el hombre, sin saberlo, ha utilizado el NO desde el principio de la civilización. Por ejemplo, los antiguos sumerios curaban las carnes con sales de nitratos, lo que les permitía preservar su color rojo y, además, eliminar a la bacteria que causa el botulismo (Clostridium botulinum). Esto se debe a que las sales de nitratos producen NO, que es un bactericida potente. Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX se aprovechaba el efecto que tiene el NO en la fisiología del cuerpo humano a través de la administración de nitroglicerina a los pacientes que sufrían de angina de pecho. Cuenta la historia que, a menos de dos meses de su muerte en diciembre de 1896, Alfred Nobel escribió la siguiente nota a uno de sus colegas: “¡No es una ironía del destino que me hayan recetado nitroglicerina para uso interno! Le llaman trinitrina para no alarmar ni al farmacéutico ni al público”. Nobel sufría ataques que se caracterizaban por un dolor intenso en el pecho conocido como angina de pecho. Por supuesto, la ironía radicaba en que el inventor e industrialista sueco había conseguido gran parte de su considerable fortuna a través del desarrollo y la fabricación de la dinamita. Además, Nobel había descubierto, a partir de los experimentos realizados en su propio laboratorio, que la exposición a esta sustancia química causaba dolores de cabeza severos, por lo que se negó a tomarla para tratar su angina. Aunque los científicos del siglo XIX comprendían por qué la nitroglicerina era un explosivo potente, desconocían por completo lo que la convertía en un tratamiento eficaz para la angina. De alguna forma, relajaba los músculos lisos que se encuentran alrededor de los vasos sanguíneos, permitiendo que los vasos se dilataran y pudiera llegar un mayor flujo de sangre al corazón. En esos pacientes, la administración de nitroglicerina provoca una vasodilatación de las arterias coronarias y, con ello, el alivio del dolor y la disminución de la posibilidad de sufrir un infarto al miocardio. El mecanismo que está detrás de este efecto fue desconocido hasta mediados de la década de 1980, cuando se estableció que la nitroglicerina libera NO y que esta molécula es la responsable de disminuir la presión sanguínea. De este modo se inició la historia de la investigación que ha permitido entender el papel que juega el NO en la fisiología de los organismos.

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