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Robert Boyle: el químico escéptico

Robert Boyle es el primer científico importante que realizó experimentos controlados y que publicó su trabajo explicando detalladamente sus procedimientos, los aparatos utilizados y sus observaciones. Consiguió, casi sin ayuda, que la química fuera una actividad respetable, estudió el comportamiento de los gases e impulsó la idea de la existencia de los átomos.

Robert Boyle nació en Irlanda en 1627. Fue el decimocuarto hijo del conde de Cork, que era hombre más rico de toda Gran Bretaña en ese momento. Como era común en esa época, a los 15 años su padre lo envió con un tutor y un hermano mayor al continente europeo para completar su educación. Así fue que, luego de una estadía en Francia, se dirigieron a Italia y estuvieron en Florencia cuando murió Galileo. La conmoción que vivió la ciudad despertó la curiosidad del joven Boyle, que comenzó a leer muchas cosas sobre Galileo y su obra. Pareciera que este fue un hecho importante que motivó al joven a desarrollar su interés por la ciencia. A su vuelta a Inglaterra, esta estaba más o menos dividida y viviendo tiempos tumultuosos que terminaron en una guerra civil. Boyle se retiró a una casa de campo y, a pesar de la guerra, pudo dedicarse incrementar sus conocimientos a partir de la lectura de cosas muy diversas, a escribir sobre una amplia gama de temas (desde filosofía hasta religión) y a realizar numerosos experimentos que en aquella época se centraban, sobre todo, en la alquimia. En 1654, cuando la situación ya se había estabilizado, se mudó a Oxford, que en esa época era el centro de la actividad científica de Inglaterra. A partir de ese momento y en los catorce años que le siguen, Boyle realizó los trabajos científicos que lo hicieron famoso.

Gracias a los enormes ingresos que había heredado de su padre, Boyle pudo contratar a muchos ayudantes y armar un instituto de investigación privado que era la envidia de muchos científicos de su época. Su fortuna también le permitía publicar fácilmente los resultados de todas sus investigaciones, ya que él mismo pagaba todos los gastos de edición de sus obras. En su instituto de investigación, Boyle fue unos de los primeros en aplicar el método científico, tal como lo había hecho Galileo en sus propios experimentos y también inspirándose en la obra de Francis Bacon (1561-1626). Bacon había explicado la necesidad de comenzar cualquier investigación tratando de recoger la mayor cantidad de datos posible para luego intentar explicar todas las observaciones realizadas. Es decir, ir en contra de la concepción, muy arraigada hasta ese momento, de empezar soñando con alguna idea maravillosa y luego buscar observaciones que la justificaran.

A pesar de que el principal interés científico de Boyle era la química, su primera publicación científica (Nuevos experimentos físico-mecánicos, relacionados con la elasticidad del aire y sus efectos), que data de 1660, fue un trabajo en el que discutía la naturaleza física del aire, su compresibilidad o elasticidad. En este trabajo se desplegaba una serie de brillantes experimentos en los cuales utilizaba una bomba de aire para crear vacío. La segunda edición de este trabajo, publicada en 1662, describe la relación cuantitativa derivada de valores experimentales, hoy conocida como la “ley de Boyle”: el volumen de un gas varía de manera inversa con la presión.

En 1661, entre las dos primeras ediciones de La elasticidad del aire, Boyle publicó su libro más famoso: El químico escéptico. En este libro discute la noción de elemento cercana a la definición que utilizamos en nuestros días. Boyle era seguidor del corpuscularismo, una forma de atomismo que describía a la realidad y el cambio en términos de partículas y sus movimientos. Esta visión estaba desplazando lentamente a la visión aristotélica del mundo. La ciencia aristotélica sostenía que los elementos no eran solamente las sustancias más simples, sino que también eran los componentes necesarios de todos los cuerpos y, por ejemplo, si el agua es un elemento, entonces todos los cuerpos deben contener por lo menos una mínima cantidad de agua. Boyle creía que los experimentos químicos podían demostrar la verdad de la filosofía corpuscularista. Por ello, presentó evidencias experimentales acerca de que la mayoría de los elementos aceptados hasta esa época (fuego, agua, sal, mercurio y otros) no cumplían con ambos criterios aristotélicos.

En su libro también rompe con la tradición de los alquimistas de trabajar en secreto, con su convicción e insistencia acerca de publicar todo su trabajo experimental con descripciones detalladas, incluso de aquellos experimentos que habían fracasado completamente.

También se atribuye a Boyle el uso, por primera vez, del término “análisis químico”, que utilizó con el mismo sentido con que se lo utiliza actualmente. Realizó ensayos sobre el oro y la plata, hizo pruebas sobre el cobre con amoníaco, practicó ensayos sobre la presencia de sal en agua con nitrato de plata y diseñó una prueba que contenía alrededor de treinta reacciones para el análisis de minerales en el agua.

Lo que Boyle hizo, en realidad, fue introducir el método científico en la alquimia. Este hecho logró que la alquimia se convirtiera en química (incluso suprimió la primera sílaba del término alquimia para transformarlo en química -“alchemist” y “chemist”, en inglés-) y suprimió las bases en que pretendían apoyarse ciertas creencias, como las de la piedra filosofal. Si bien el libro no transformó la alquimia en química de la noche a la mañana, cuando la química se desarrolló en los siglos XVIII y XIX, los científicos consultaron mucho el libro de Boyle y lo consideraron un punto de inflexión. Por ello, desde ese momento se considera que la ciencia fue la química y los que trabajaban en el campo eran los químicos.