Actualmente en los cursos de química la organización de los contenidos es básicamente lineal, los mismos no se correlacionan unos con otros, ni se favorecen los procesos de reelaboración e integración de las diferentes fuentes de información disponibles.
La enseñanza de la química contribuye a establecer los aspectos normativos teóricos y prácticos que comparten los miembros de la comunidad científica y a partir de los cuales ellos trabajan e innovan.
En los últimos años varios autores han analizado el currículo de química en la educación y los cambios que es necesario realizar en un futuro próximo. La tendencia general es revisar los contenidos y métodos del currículo de química para abordar una enseñanza de la química más próxima a la orientación química-tecnología-sociedad (Bodner, 1992; Beasley, 1996).
A pesar de todos los avances de la investigación en didáctica y de los proyectos de innovación curricular, es muy difícil en las aulas reflejar esta situación de progreso en la didáctica de la química en los materiales curriculares y optimizar los recursos disponibles en cada escuela.
Los nuevos diseños curriculares de la química necesitan incluir contenidos dedicados a la aproximación al trabajo científico y a las relaciones de la química con la tecnología, y a las implicaciones de ambas en la sociedad.
Una valoración crítica del papel de la química en la sociedad, la importancia histórica de determinadas teorías químicas, el interés económico, biológico e industrial de los polímeros artificiales y naturales, los procesos utilizados en la industria química y los efectos contaminantes más comunes del ecosistema terrestre: estos aspectos novedosos del nuevo currículo de química han sido destacados en diversos artículos y trabajos (Hernández y Solbes, 1992; Gómez-Crespo, 1993; Caamaño, 1998).
En la actualidad es de mucho interés buscar nuevas formas de enseñanza que promuevan una mayor participación del estudiante en el proceso docente; sin embargo, lo más común es que la enseñanza esté controlada y centrada en la actividad del profesor.
Citando a Perkins podemos decir que el conocimiento es un estado de posesión. Cuando los alumnos comprenden, son capaces de realizar actividades de comprensión: explicar, ejemplificar, aplicar, justificar, comparar, contrastar, contextualizar y generalizar. El aprendizaje es una consecuencia del pensamiento y todas las actividades de comprensión requieren pensar. La recopilación de datos inconexos, o bien la inclusión de demasiados temas puntuales, específicos, acotados, y muchas veces irrelevantes, atentan contra la intención de lograr una comprensión genuina. Las premisas del conductismo estructuran nuestro currículo, todo se considera importante, y se recarga al alumno con información. Cuando el docente se enfrenta con una vasta extensión de contenidos se preocupa más por cubrirlos que por el proceso de aprendizaje del alumno.
Ministerio de Educación de la Nación Argentina